martes, 15 de febrero de 2011

El lenguaje del cuerpo

Helen Fisher

En la década de los sesenta, Eibl-Eibesfeldt, un etólogo alemán, creyó descubrir un curioso esquema de conductas femeninas de coqueteo. Eibl-Eibesfeldt había utilizado una cámara con una lente secreta: cuando la apuntaba al frente en realidad estaba fotografiando lo que tenía al costado. De este modo podía enfocar objetos cercanos y fotografiar expresiones faciales no ensayadas de las personas que tenía junto a él. En sus viajes a Samoa, Papúa, Francia, Japón, África y Amazonia, registró numerosas secuencias de cortejo. Después, en su laboratorio del Instituto Max Planck de Fisiología de la Conducta, ubicado cerca de Munich, Alemania, analizaba cuidadosamente, cuadro por cuadro, cada episodio de cortejo.
Un esquema universal del coqueteo femenino comenzó a surgir. Aparentemente, mujeres de lugares tan diferentes como la jungla amazónica, los salones de París y las tierras altas de Nueva Guinea, coquetean con la misma secuencia de expresiones. En primer lugar, la mujer sonríe a su admirador y levanta las cejas con una sacudida súbita mientras abre bien los ojos para observarlo. Luego baja los párpados, ladea y baja la cabeza y mira hacia otro lado. Con frecuencia también se cubre el rostro con las manos, riendo nerviosamente mientras se oculta tras las palmas. Esta secuencia gestual de coqueteo es tan característica que Eibl-Eibesfeldt está convencido de que es innata, una táctica femenina de cortejo a la que la hembra humana llegó millones de años atrás para indicar interés sexual.
Otras estrategias utilizadas por la gente quizá también provengan de nuestro pasado primitivo. La mirada tímida es un gesto en el cual la mujer tuerce la cabeza y levanta los ojos tímidamente hacia su pretendiente. La zarigüeya hembra hace lo mismo, y gira la cabeza hacia el macho, ladeando el hocico para mirarlo directamente a los ojos. Es frecuente que los animales muevan la cabeza para llamar la atención. Las mujeres lo hacen comúnmente mientras coquetean: alzan los hombros, arquean la espalda y echan el pelo hacia atrás con un único movimiento de balanceo. El albatros tuerce la cabeza y hace crujir el pico entre tandas de movimientos afirmativos, reverencias y restregamiento mutuo del pico. Las tortugas de barro extienden y retraen sus cabezas, hasta llegar casi a tocarse las narices.
Las mujeres no son las únicas criaturas que recurren a la cabeza para coquetear. Los hombres también utilizan tácticas de cortejo similares a las que se observan en otras especies. Si ha entrado usted alguna vez en la oficina de su jefe y lo ha visto recostado contra el respaldo de su sillón, las manos cruzadas detrás de la cabeza, los codos levantados y el pecho echado hacia adelante? Tal vez salió de detrás del escritorio, caminó hacia usted, sonrió, arqueó la espalda y echó hacia adelante, en su dirección, la parte superior del torso. Si fuera así, cuidado. Podría estarle anunciando inconscientemente el dominio que ejerce sobre su persona. Si usted es una mujer, en cambio, tal vez le esté haciendo la corte.
El «pecho hacia adelante» es parte de un mensaje postural básico utilizado en todo el reino animal: «el cuerpo bien enhiesto». Los animales muy poderosos se hinchan. Los bacalaos agrandan la cabeza y avanzan las aletas pelvianas. Las víboras, sapos inflan sus cuerpos. Los antílopes y camaleones se ponen de costado para parecer de mayor tamaño. Los venados de cola blanca miran de reojo para mostrar la cornamenta. Los gatos se erizan. Las palomas se dilatan. Las langostas se elevan sobre las puntas de sus patas y extienden las pinzas bien abiertas. Los gorilas se golpean el pecho. Los hombres simplemente echan el pecho hacia adelante.
En la confrontación con un animal más poderoso, muchas criaturas se contraen. Las personas doblan hacia dentro los dedos de los pies, encogen los hombros y bajan la cabeza. Los lobos meten la cola entre las patas y huyen furtivamente. Las langostas sumisas se agazapan, y muchas especies se inclinan. Un bacalao sometido dobla el cuerpo hacia dentro. Las lagartijas mueven todo el cuerpo de arriba abajo. En señal de respeto los chimpancés sacuden la cabeza afirmativamente tan rápida y repetidamente que los primatólogos lo llaman meneo.


Tomado de:
Helen Fisher: Anatomía del amor. Historia natural de la monogamia, el adulterio y el divorcio, Barcelona: Anagrama, 2007 [1992], 44 pp.

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